domingo, 26 de enero de 2014

Hasta la próxima

Tenía que haber escrito esta entrada hace meses, pero no lo hice, seguramente porque implicaba entornar, que no cerrar, un capítulo de mi vida. Quizá pensaba que algún día lo retomaría, y me engañaba a mí mismo como el tipo que pretende ir al gimnasio, "de verdad de la buena, que esta sí que sí". Pero al final, por unas cosas o por otras, no encuentra el momento. Y eso me ha pasado a mí, que no encontraba el momento de volver a escribir aquí. "Mucho lío", que solemos decir.

En cualquier caso, no me gustan las despedidas a la francesa, entre otras cosas porque no es raro en la vida reencontrarse con esa persona que, con todas las de la ley, puede escupirte en la cara por no haber tenido los huevos de decir adiós como es debido. Y dado que a mí podrían hacérmelo setenta y tres personas que han retozado conmigo más o menos asiduamente entre letras de bits y píxeles, tengo que despedirme como merecen, con respeto y agradecimiento. Gracias por leerme.

Este blog empezó el 11 de noviembre de 2010, que unas veces me parece muchísimo tiempo y otras un simple suspiro. Objetivamente hablando, este "Pájaros en la cabeza" tiene más años que los hijos de unos cuantos amigos; me ha parecido una observación importante. Durante una larga temporada creció a buen ritmo, hasta alcanzar las 167 entradas (168 con esta), pero hace algunos meses que se estancó. Quizá alcanzó toda la altura que le correspondía. Siempre queremos que nuestros hijos sean más de lo que son, no vemos sus límites, pero la realidad es que los tienen. Es jodido, pero es así; queremos que lleguen a la Luna, y las más de las veces se quedan anclados en la tierra sirviendo copas, firmando impresos o pasando artículos en una caja registradora.

No obstante, todos los hijos nos sorprenden, así que no descarto que un día este vástago mío se rebele contra su destino, me mande a la mierda y diga que las cosas no son así. Ese día estaré muy orgulloso, y por eso esto no es un adiós definitivo.

Nos leemos.